Todo Piscinas

Las piscinas son usadas por muchos usuarios para practicar deportas, relajarse...Durante la época estival el número de personas que disfrutan de ellas aumenta considerablemente. Los problemas sanitarios que pueden surgir en ellas son múltiples: aparición de agentes patógenos, transmisión de enfermedades, y en algunos casos, dichos problemas de salud pública pueden venir de un mal tratamiento de la piscina.

Con la depuración de la piscina se aporta al agua, un efecto biocida que destruye de forma eficaz los microorganismos que puedan crearse o introducirse en el vaso de la piscina. También debe existir un agente oxidante para destruir la materia orgánica presente en el agua, proveniente de un ambiente externo con vegetación en piscinas exteriores o por los propios bañistas: sudor, bronceadores, orina... El tratamiento debe completarse con un sistema de filtración que elimine las partículas de mayor tamaño. Los floculante mejoran esta función al agrupar las partículas, siendo eliminadas con mayor facilidad.

El sistema más usado es el tratamiento de cloro. El principal inconvenietnte de este agente desinfectante es la formación de compuestos organoclorados, como las cloraminas, responsables del olor a piscina y con efectos dañinos para la salud de los usuarios, como la irritación de ojos y mucosas...

El uso de cloro crea acumulaciones de estos compuestos, además de todos los agentes estabilizantes existentes en el cloro comercial, como el ácido isocianúrico que en determinadas concentraciones puede ser malo para la salud. A causa de ello, los reglamentos técnicos y sanitarios de cada provincia exigen cambio diario de una parte del agua que suele estar entorno a un 5% del volumen total de la piscina, pudiendo variar esta cantidad según la comunidad.

Se tiene que pensar en el número total de piscinas que existen en el mundo, el volumen de agua usado por cada una de ellas, y el volumen que se tiene que renovar diariamente debido al uso del cloro. En el mundo hay 1.100 millones de personas que no tienen acceso a la cantidad de agua mínima recomendada para vivir. Es un deber cívico y humano controlar el malgasto de agua en las piscinas, habiendo personas que no tienen ni para beber.

Las consecuencias medioambientales del uso indiscriminado del agua de renovación de las piscinas crean unos problemas medioambientales que en algunos casos, durante periodos de sequía, provoca el cierre de las piscinas por parte de las autoridades. Esto repercute en la salud y ocio de los usuarios, ya que no pueden disfrutar de las piscinas.

Teniendo en cuenta lo anterior, y las ventajas que conlleva el uso de las piscinas, se debería buscar sistemas de depuración que intentaran evitar el malgasto del agua. También se debería controlar ese 5% de volumen de agua obligatorio de renovación, ya que ese volumen puede variara dependiendo del filtro que se use, afluencia, el tratamiento... Una piscina bien tratada necesitará una menor cantidad de agua que una mal tratada. Asi mismo en la actualidad existen nuevos tratamientos que reducen el consumo de cloro y de agua adicional y que incluso lo eliminan. Estos tratamientos permitirían un ahorro importante de agua, pero las autoridades siguen apostando por los tratamientos convencionales en vez de impulsar los nuevos, y favoreciendo a los usuarios que los comprasen.

Se debe buscar un tratamiento que solucione los problemas sanitarios de piscinas originados por un mal uso del cloro, y que consega aprovechar los recursos hídricos al eliminar el agua de renovación de la piscina, limitandola solo a las pequeñas e inevitables pérdidas producidas por efecto de la evaporación. De todos los nuevos tratamientos el que cumple todos los requisitos, ademas de ser el más sano y efectivo es el basado en ozono.

El ozono está formado por una molécula que contiene tres átomos de oxigeno. Se forma a partir de una descarga eléctrica, siendo común su generación cuando caen rayos en las tormentas. Tiene una vida muy corta, transformándose en óxigeno sin crear ningún subproducto. Es un oxidante muy potente, con un poder de esterilización 3.000 veces superior al del cloro, eliminando en periodos muy breves microorganismos que otros biocidas no pueden. Otra de su ventajas es que es un floculante natural, consiguiendo oxidar parte de la materia orgánica, y agrupando en grupos los sólidos suspendidos en el agua, favoreciendo el proceso de filtración. Estás particulas son las que ensucian el agua, y el ozono consigue una nitidez y transparencia del agua que no puede igualr ningun tratamiento. En el proceso de oxidación elimina también sustancias perjudiciales para el organismo, como los nitritos, el hierro, el amoniaco...

El ozono al descomponerse en atómos de oxigeno crea un aumento de éste en el aire que se encuentra sobre la piscina. En los ultimos años en las competiciones de natación se usan instalaciones con este tratamiento de aguas, ya que favorece el rendimiento deportivo. El cloro, en cambio, es un gas venenoso, perjudicial para la salud humana, que puede causar corrosión en los materiales usados para la cosntrucción.

En resumen, al tratar una piscina con ozono se consigue evitar el renovamiento del agua, siendo el más efectivo como desinfectante, el más beneficioso para la salud, y sin generar ningún subproducto. Las autoridades deberían ser las primeras en dar ejemplo, impulsando tratamientos que no contengan agentes biocidas, como puedan ser el ozono, la radiación ultravioleta...Tratamientos que además de no desperdiciar los recursos de la Tierra, logran un baño más sano y más agradable.

Empresas destacadas

¿Quieres anunciarte aquí?